Carlos Gonzalez Principe, médico pediatra, comprometido con la ciudad de Vigo

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  • NO AL SUICIDIO DE LA IZQUIERDA VIGUESA

    Estamos asistiendo en el último mes a un duro conflicto laboral, que va a marcar para bien o para mal, el futuro no solo del movimiento sindical en Vigo y en Galicia, sino también va a tener repercusiones en las perspectiva políticas y electorales de las fuerzas progresistas.

    Históricamente no se recupera en la calle, lo que se pierde en las urnas en democracia. Cuando los ciudadanos y ciudadanas nos muestran algún grado de desapego electoral, la vía para recuperarlo no es la radicalización de los mensajes políticos y las posiciones ideológicas.

    Esto es evidente tanto para la derecha como para la izquierda. Recordemos el fiasco después de la derrota socialista de 1996 que supuso el pacto electoral en Galicia con EU y el posterior batacazo del 2000 cuando quisimos pactar antes de las elecciones con la Izquierda Unida de Frutos. Si miran ustedes en la derecha, verán que la estrategia de la crispación con Zaplana y Acebes al frente, llevo a Rajoy a su segunda derrota electoral.

     

    Simpatizo con todas las reivindicaciones de los trabajadores del metal, pero como soy reformista creo en la dialéctica de los triunfos y las victorias parciales. No hay ninguna victoria sindical que garantice el paraíso socialista a los trabajadores, y por lo tanto históricamente los avances del movimiento obrero se han conseguido paso a paso, basándose en el realismo y en la concertación social.

     

    La culpa de esta crisis es de los especuladores, pero hoy el mundo es más pobre que ayer. Hay menos dinero, hay menos crédito, incluso han bajado los precios de algunos productos y servicios, por tanto preservando los derechos económicos y sociales que tienen los trabajadores hoy ,el objetivo de la izquierda y delmovimiento sindical debe ser defender el empleo y el nivel salarial actual. Pedir ahora condiciones, que la mayoría de los trabajadores de los distintos sectores productivos no se pueden ni plantear como posibles, es aislar a ese sector en lucha del apoyo social y ciudadano necesario.

    La radicalidad verbal y gestual no permite conseguir más aliados, antes al contrario, resta posibles apoyos y en la izquierda sabemos que cuando la calle se agita, la derecha capitaliza el miedo de las clases medias.

     

    Además como Alcalde que fui de esta ciudad me preocupa tener que explicar en Madrid o a gente de Paris, que Vigo es una ciudad ideal para vivir y para trabajar.Las imágenes y comentarios en la prensa nacional e internacional ,incluyendo medios europeos, norteamericanos, canadienses o asiáticos, nos puede pasar una pesada factura ,pues nuestra economía, la economía viguesa que nos costó tanto construir a varias generaciones, es fuertemente dependiente de la inversión y el comercio internacional.

     

    Los socialdemócratas, los reformistas no creemos en que haya un día o un acto que lo cambia todo. La mayoría de las huelgas generales no sirvieron ni para acabar con dictaduras ni para acabar con el capitalismo, ni para cambiar los Gobiernos.

     

    Ir a una estrategia de huelga general en Vigo, aunque gobierne el PP en la Xunta es un suicidio político para la izquierda. Lo mismo opino si el partido socialista decide mantenerse en el poder hasta final de legislatura, apoyándose solo en los grupos radicales de I.U, ERC, BNG, NAFARROA BAI… en este caso le entregaríamos el centro que Rajoy no fue capaz de encontrar en 7 años de camino desorientado.

     

    La economía viguesa, la sociedad del Área Metropolitana de Vigo, la izquierda que hoy nos gobierna en Vigo, no nos merecemos un suicidio colectivo.

     

    La estrategia de clase contra clase y confrontación general no permitirá que los trabajadores del metal mejoren sus condiciones de vida. Es más, me temo que se firme el convenio que sefirme, ya hemos perdido todos, incluida la imagen de Vigo como polo industrial atractivo.

    Cada uno es dueño de sus silencios y mi opinión, hoy la hago pública, porque creo que corremos un grave riesgo como ciudad, si no somos capaces de superar el enfrentamiento y alcanzar acuerdos posibles y realistas. Desgraciadamente las utopías a veces nos llevan a derrotas e incluso al gulag.

     

     

    Carlos g. Principe

    ALCALDE VIGO 1991-1995